El necesario “cambio cultural mayor”

Con la pandemia por COVID-19 y al ser considerado un grupo de riesgo, el tema de las personas mayores sigue apareciendo de forma protagónica en los medios de comunicación masivos – radio, televisión, periódicos, Internet- más ahora, con la solicitud del pase de movilidad (con 3ra dosis de vacuna) para los mayores de 55 años, situando al grupo de personas de mayor edad como un colectivo homogéneo donde predominarían la fragilidad y/o vulnerabilidad. Sin embargo, el grupo de personas adultas mayores es uno de los más heterogéneos, si se compara con el de niños, niñas y adolescentes. Si bien estos estereotipos y prejuicios sobre lo que es ser mayor, vienen dados hace bastantes años, hoy más que nunca es un tremendo desafío, y a la vez una gran oportunidad, que los medios de comunicación ayuden a difundir una imagen más diversa de la vejez. Es de amplio consenso que los diferentes medios de comunicación y prensa cumplen un rol fundamental en la construcción de significados sociales y no es la excepción cuando se trata de las representaciones e imaginarios sobre las personas mayores, que en Chile llegan actualmente al 19,7% de la población del país, equivalente a 3.843.488 personas (Casen 2020).


Los profesionales que trabajamos en la sociedad civil, hemos observado durante los últimos meses, que algunos medios de comunicación y prensa no han realizado una cobertura adecuada y respetuosa sobre las personas mayores, es decir, desde los derechos de éstas, utilizando en varios casos un lenguaje que infantiliza (por ejemplo el hablar de abuelitos), que está obsoleto (hablar de ancianos o senescentes), que es viejista (conjunto de prejuicios, estereotipos y discriminaciones que se aplican a los mayores simplemente en función de su edad) y/o edadista (discriminatorio en función de la edad); y no sólo se observa en el lenguaje, sino también en el uso de imágenes, donde se destaca lo negativo de la vejez (personas mayores enfermas, que usan apoyos para movilizarse, que se encuentra en situaciones precarias, etc.). Lo anterior es totalmente opuesto con lo planteado en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, que Chile suscribió en el año 2015 y ratificó en el 2017, siendo éste un instrumento jurídicamente vinculante para los países que lo han ratificado.

Aunque muchas veces no se le tome el peso al asunto, el uso del lenguaje y las imágenes difundidas en medios de comunicación ayudan a la construcción de realidades y lo que se muestra actualmente sobre las personas mayores es la base para que permanezcan en la sociedad los prejuicios sobre la vejez. Tal como plantea el geriatra español Miguel Ángel Vázquez, “la discriminación por edad es uno de los estereotipos más difíciles de identificar debido a su aceptación social, a la falta de definiciones operacionales en relación con la estereotipia del lenguaje y la falta de herramientas de medición apropiadas. Sumado a esto, el Informe Mundial sobre edadismo de la OMS del 2021, señala que una de cada dos personas en el mundo es edadista contra las personas mayores, lo que tiene importantes repercusiones en la calidad de vida y la salud física y mental de las personas, se relaciona con el aislamiento y la soledad que sufren éstas y también implica costes personales para los individuos y el propio Estado.


Frente a esta situación coyuntural, desde “Voces Mayores”, el colectivo de organizaciones de la sociedad civil que trabajan con, por y para las personas mayores, hemos elaborado una “Guía para el Buen uso del lenguaje”, conformada por recomendaciones para un buen trato en medios de comunicación y prensa hacia las personas 60+, lo que es considerado hoy como una necesidad imperante para avanzar hacia un cambio cultural mayor sobre la imagen que se tiene como país sobre este grupo etario.

Hoy, cuando las problemáticas atingentes al grupo de las personas adultas mayores están más visibilizadas, es un excelente momento para contribuir en la generación de un lenguaje integrador y con enfoque de derechos, pues la gran mayoría de nosotros seremos mayores de 60 años en un futuro cercano y sufriremos en carne propia esta discriminación. No olvidemos que una sociedad puede ser medida o juzgada por cómo trata a sus ciudadanos mayores.


Por Alejandra Valdés y Beatriz Urrutia


Ver en El Mostrador