La (no) inclusión digital

por Patricio Saldívar


El pase de movilidad, la clave única, el bono electrónico, el cajero automático, la aplicación del teléfono, el banco y el pago en línea, y así podría estar enumerando un sin fin de acciones que cada día digitalizan más las actividades cotidianas. Si bien las ventajas son muchas para quienes son nativos digitales o quienes logran sumarse a la vorágine de la digitalización, pero ¿es realmente una solución inclusiva con todas las personas y los territorios?


Las personas mayores son un grupo con gran presencia en nuestra sociedad, representan casi el 20% de la población y en 10 años más serán casi el 30%. Son las personas de más edad precisamente uno de los grupos que corren más riesgos de discriminación por la excesiva digitalización. La pandemia ha acelerado el uso de plataformas digitales para los servicios del estado y del sector privado, pero poco ha avanzado en la alfabetización digital y en mejorar la conectividad en los diversos sectores del territorio nacional.


La alfabetización digital es una herramienta muy útil para enfrentar los desafíos del envejecimiento de la población. A través del mundo digital se puede optimizar el acceso a servicios como la telesalud, por ejemplo, que es muy útil para resolver problemas de acceso a profesionales de la salud en lugares donde es difícil contar con especialistas de forma presencial. Pero ¿las personas mayores tienen interés por la alfabetización digital? Según datos de la CASEN 2017 un 63,3% de los hogares rurales con personas mayores no tiene conexión pagada a internet, y una de las principales razones es la falta de interés, mencionada por el 40,7% de estos hogares, porcentaje igual al mencionado por los hogares urbanos.

La falta de interés y el derecho a no alfabetizarse son temas a considerar a la hora de digitalizar los diversos servicios a los cuales podemos acceder. Considerar diversas vías de comunicación y atención a las personas mayores, y de todas las edades, que deseen continuar realizando sus trámites por vía presencial es un desafío, así como también el favorecer interés por la alfabetización digital. Para llegar a un punto medio entre la digitalización y la oferta presencial se debe considerar la variable territorial.


Chile es un país que se caracteriza por ser largo y presentar accidentes geográficos que dispersan a la población en diversos asentamientos. Si los servicios se acercan a las comunidades y en conjunto favorecen la conectividad y alfabetización digital, con agentes claves de las comunidades, como las mujeres mayores que tienden a hacer más uso de los recursos digitales, podremos desarrollar un mayor interés por la alfabetización digital y el uso de herramientas útiles como los trámites por internet y la telesalud.

Antes de tomar cualquier decisión de digitalización es fundamental incluir a las personas mayores en los procesos de diseño e implementación, su mirada es fundamental para crear una sociedad inclusiva y amigable. Se puede fomentar, capacitar y estimular la digitalización pero sobre todo se deben conservar los canales tradicionales y en esos espacios favorecer el apoyo en la digitalización. No nos olvidemos de las cajas de pago presenciales, del correo postal, de la comunicación por cartas, las radios, la prensa escrita y si es necesario los recados por teléfono.

El proceso constituyente se ha transformado en una oportunidad histórica para la participación y relevar los derechos, dentro de los cuales los derechos de las personas mayores son clave para una sociedad inclusiva y equitativa. Desde la iniciativa Voces Mayores, que agrupa a más de 50 organizaciones de la sociedad relacionadas con temas de la vejez, donde se está promoviendo la participación articulada de las personas mayores en la nueva constitución, hacemos un llamado a promover otros canales de información, comunicación y participación, no solo el digital, y a su vez la facilitar el apoyo a la participación de las personas mayores en este momento histórico.



Puedes ver la columna en El Mostrador